- Artillería de Campaña I
- Artillería de Campaña II
- La bayoneta
Bueno, pues me lanzo con la exposición de un tema que me gusta: la artillería de campaña, centrándome en la etapa que va de mediados a final del siglo XIX.
Aunque en realidad no lo voy a contar yo, porque me he agenciado un colaborador muy especial: el Mayor Rene DeRussy (Comandante de West Point desde 1833 a 1848). Aquí lo tenemos en su despacho de la señorial y elitista Academia Militar.
La sesión de hoy versará sobre una figura relativamente reciente: la ARTILLERÍA DE CAMPAÑA, análisis que realizaremos fundamentalmente situándonos en la guerra civil americana.
En la exposición, seguiremos el siguiente orden:
1.- En primer lugar, una relación de términos referidos a las partes de un cañón, para evitar en lo posible que nos perdamos con tecnicismos
2.- En segundo lugar, ver ¿Qué es la artillería de campaña?, lo que nos lleva a ver qué tipos de artillería
3.- Seguiremos viendo las piezas usadas en artillería de campaña (cañones, morteros)
4.- Haremos una referencia a la munición
5.- El transporte de las piezas, cuestión básica en la artillería de campaña
6.- La organización de la artillería (la batería y los sirvientes de una pieza de artillería)
Bueno, salgamos al campo de maniobras, donde nos aguarda un grupo de artilleros con una pieza, que nos servirá para elaborar un glosario de términos básicos, a fin de que la explicación sea comprensible.
Tomaremos como modelo el llamado cañón “Napoleón”, de 1857, pieza de 12 de ánima lisa, de avancarga, con un alcance efectivo de 1500 mts. Es la pieza que más se usó en la guerra civil americana, y la de Playmobil es espectacularmente fiel a la real (en su estructura, claro)
La pieza principal es el “ánima”.
En la artillería medieval solía tener grabada algún tipo de escudo, o simplemente elementos de ornato. En el siglo XVIII comenzaron a simplificarse, y en el XIX eran así de sencillas.
Desde el siglo XVIII, el ánima incorporó unas piezas en los laterales, llamadas “muñones”, que encajaban en la llamada “cureña”, y se cerraban con una pieza llamada “sobremuñonera”. Este mecanismo permite cambiar el ángulo de elevación de forma sencilla, y así ajustar el ángulo de disparo.
Veamos en tres fotos estos elementos: los muñones, los huecos de la cureña para los muñones, y la sobremuñonera
Y ahora vemos cómo se coloca, y se cierra con las sobremuñoneras.
Una vez colocada ahí, pueve girarse en vertical algunos grados, lo suficiente para variar el ángulo de tiro.
En la tercera foto adjunto un croquis de un cañón anterior al que estamos examinando, pero cuya estructura en lo referente a los muñones es idéntica.
Los cañones de aquélla época sufrían un fuerte retroceso tras el disparo, por lo que eran necesarios mecanismos que facilitasen volver a ponerlos en el la línea de tiro. Para ello, disponían de una especie de asta en la parte trasera.
Esto siguió apareciendo incluso en cañones más avanzados (los de retrocarga, vamos los que se cargan por detrás), como se comprueba en siguiente ilustración
Al ser piezas de avancarga (se cargan por la boca), necesitaban de una serie de herramientas de limpieza del ánima.
Eran artilugios de largo mango que se introducían por la boca del cañón, para las diversas acciones que había de realizar durante la carga y limpieza:
- la lanada, que era un hatillo de tela al final de un palo para limpiar el anima o refrescar el interior después de haberlo mojado con agua;
- y un cubo para limpiar o mojar la lanada.
Aquí tenemos un artillero mostrando esta operación (fundamental, porque de su buen hacer dependía la seguridad de la pieza, y hasta que no se enfriara no podía volver a usarse).
En esta época no se usaba para empujar el detonante ni la pólvora, porque la pólvora iba dentro del proyectil. Cuando el cañón no se usaba, la lanada se colocaba en el lateral (igual que los cañones de playmobil, es totalmente fiel a la realidad), y el cubo en un sorporte del frontal
Desde el siglo XVII se habían hecho algunas tentativas para sustituir los proyectiles esféricos por los oblongos ó alargados, pero su aceptación definitiva es simultánea con el rayado del ánima. En 1845 empezó a ensayarse el empleo de proyectiles alargados dispuestos para tomar un movimiento de rotación alrededor de su eje por medio de dos salientes, ó tetones, que entraban en otras tantas estrías o rayas trazadas en hélice en el ánima de la pieza, idea que aplicó a un cañón de hierro de grueso calibre, al que rayó inicialmente con dos estrías.
En la foto de la izquierda vemos la comparativa -obvia por otro lado- entre el proyectil esférico y el alargado
En la segunda, la de la derecha, una ilustración que explica cómo la forma del rayado depende del sistema que tenga el proyectil para ser conducido por las rayas. Primero fue el proyectil de “tetones” (Fig.1), luego de “envuelta de plomo” (Fig.2), después los de “aros de cobre” (Fig.3) y “bandas” (Fig.4).
Los proyectiles rellenos de pólvora que estallaban al impactar y las terribles cargas de metralla que segaban filas enteras a corta distancia.
Continuamos en el siguiente capítulo de la Artillería de Campaña
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buen articulo ,muy bueno